"El confuso estruendo de Londres era como el registro de un órgano lejano"

miércoles, mayo 23, 2012

You could be happy, I won't know

La caracola, que era joven, que era inquieta, se sentó dando la cara al mar. De esta manera no tomó carta en el asunto de arena y sal. Sus vecinas compartían segundos cada día y cada noche; a veces más eternos y otras más fugaces de lo normal. Discutían porque querían estar siempre juntas y las sinvergüenzas de las olas no las dejaban cogerse más que un ratito, obligándolas a soltarse cuando ya casi se habían olido.

La caracola, que era joven, que era inquieta, recuerda muy bien cuando arena era piedra. Era poderosa, era fuerte y sentía con más partes de su cuerpo las veces que sal la acariciaba. Sal, en aquella época, disfrutaba picando a arena y llamando su atención, yendo y viniendo con las olas, con los minutos y con más caracolas inquietas.

Así, los años y las mareas iban pasando para todos y para todas. Sal y arena estaban destinadas a no encontrarse del todo nunca y no soportaban esa idea. Querían parar las olas, querían que las mareas fuesen estables y querían que el sol apagase la luna. Rogaban por cogerse al menos más que unos segundos, sentirse e intercambiar algún que otro mineral.

La caracola joven e inquieta miró a arena y la vio llorar. Después miró a sal y no distinguió entre  olas y lágrimas.

No podía hacer nada, no podía ayudarlas, no quería ver ni a una ni a la otra.

Echó un vistazo al horizonte y decidió que lo mejor era ser caracola y, en un futuro, acabar siendo adorno de alguna niña en algún que otro collar.

domingo, octubre 30, 2011

"Gone with the wind"

Volvía al café solo, no leche, no tres granos de azúcar, no agua de más, no galletas acompañando.

Lo tenía en su termo desaparecido y bien grabado en sus recuerdos. Lo agarraba fuerte hasta que se le fueron rompiendo poquito a poquito los huesos de los dedos. Hacían "crac" y quedaban colgando. Es que hacía mucho frío.
Avanzaba por la calle y todo era de color cemento y ceniza. Sus botas eran color sol, y su vestido color tierra. 

Mientras se alejaba o se acercaba, depende de cómo se quiera mirar, encontró a un hombre con pipa sentado en un banco. Un hombre muy hombre, muy con bigote y muy con chaleco y con labios secos.
Pasó a su lado y éste la buscó con los ojos. Ella arrastraba el paraguas al moverse y tarareaba.
"Mira, niña. ¿Ves este viento? ¿No es maravilloso? Es viento de castañas"

No se paró a ver si decía algo más, él giró la cabeza y miró para otro lado sonriendo. Así que ella hizo lo mismo. Caminó pensando en esa frase y en que el viento era amigo de castañas o mejor dicho, posesión de ellas. Pensó que igual todas las cosas tenían parte de viento para ellas y que ella ya no tenía nada, porque ella iba de aquí para allá, movía cosas y a veces se quedaba quieta, por lo tanto, también era viento, y si era viento, era posesión de castañas.

viernes, septiembre 16, 2011

"No more walks"

Cuando te roban una pierna, cuando no la necesitas y te la roban, la pérdida no es gran cosa. Por ello se la dio envuelta en papel rosa y con una carta de regalo. Que le arrebataran la otra ya no fue algo que se comente al tomar el té a media tarde. No estaba a gusto con esta idea pero tampoco hizo mucho por evitar el robo. No tenía tampoco muchas fuerzas y le costaba pensar.
Sólo necesitaba las dos manos: Una, para coger todas las velas posibles, y la otra, para prenderles fuego una a una, con mimo. Las repartía simétricamente en el cuarto de baño y apagaba las luces. Se veía en el espejo a duras penas y con la mano izquierda se quitaba la camisa y lo demás con la derecha.
Entonces sorteaba las velas de puntillas invisibles, y entraba en la bañera.
Sólo quería eso, nada más, quería mezclar lo tenue de su vida y de su cuarto de baño. Quería no necesitar nada más, quería oír sólo el agua y el fuego de las velas.
Quería no salir de ahí y arrugarse hasta que nadie la reconociera, quería ser otra y que la volviesen a necesitar, a ella, no sólo a sus piernas. No tenerlas más si hiciese falta, que jamás se las cosieran. ¿Quién quiere piernas si no puede caminar?